Hay historias que empiezan mucho antes de llegar al papel. Las palmeras, la primera novela de Félix Calvo, lleva años dando vueltas en la cabeza de su autor. Tanto, que su origen se remonta a un viaje en Interrail, a un hotel de Calais en el que una puerta sin cerrojo terminó convirtiéndose en la semilla de una historia de vampiros. Después llegarían otros escenarios, otras ideas y muchas vueltas hasta que Calvo encontró el lugar definitivo: aquel pequeño pueblo de playa en el que pasó parte de su infancia, situado en plena ruta del bakalao, un espacio que en su imaginación acabó convirtiéndose en su particular Santa Carla.
